En la belleza la eternidad prospera: ojos inmortales, manos extendidas, labios de lapislázuli, piel futura, delicada. Rostros que viajan por un presente que
ya ha sido y llegan al presente que
aún no es. Mujeres esculpidas por el prodigio del instante. Fecha favorable para crear texturas y formas. Geometría sin hilvanes, ni prendedores, ni botones. Novias sin altar que celebraron sus deseos en la pasarela infinita del tiempo. Soñadoras vertiginosas y que, paradójicamente, se mantienen hieráticas frente a nosotros. Es el embrujo de la fotografía; la imagen perenne que cambia de vestido, de maquillaje, de joyas y se desplaza sigilosa por los inocentes actos del dios Cronos. El tiempo vistiendo a la moda.
En esta serie fotográfica se aprecia una suerte de alquimia futurista en donde los rostros temerarios y los dedos alargados de las enigmáticas mujeres son una invitación a sospechar una historia construida con susurros, un relato que nos acerca a los instintos (que serán siempre los mismos) y a los sentimientos (que no cambiaran nunca). El acierto de estas imágenes descansa en su capacidad de convertir el tiempo en una gentil ilusión.